viernes, 2 de mayo de 2014

Musicoterapia

¿Qué es la musicoterapia? 


Es el uso de la música y/o de los elementos musicales (sonido, ritmo, melodía, armonía) por un/a Musicoterapeuta cualificado/a con un /a cliente o grupo, en un proceso destinado a facilitar y promover la comunicación, las relaciones, el aprendizaje, la movilización, la expresión, la organización y otros objetivos terapéuticos relevantes, con el fin de atender a las necesidades físicas, emocionales, mentales, sociales y cognitivas.
La musicoterapia se orienta al desarrollo de potenciales y/o la restauración de las funciones del individuo de tal manera que pueda conseguir una mejor integración intrapersonal y/o interpersonal y, consecuentemente, una mejor calidad de vida, a través de la prevención, la rehabilitación o el tratamiento.  
(Federación Mundial de Musicoterapia, VIII Congreso de Musicoterapia, Hamburgo 1996)

(Fotografía: Álex Casero)


Sara Añino Villalva: musicoterapia.educacion@gmail.com      

La mayoría de las personas utilizamos la música con fines terapéuticos: escuchamos esa música que nos sienta tan bien, vamos a un concierto que nos renueva, cantamos (quien canta, su mal espanta)... ayudamos a dormir con nanas a los niños y niñas... En Musicoterapia, aprovechamos ese potencial de la música para generar determinados estados, para favorecer el bienestar, analizamos los efectos de diferentes músicas sobre las personas con quienes trabajamos y ponemos la música al servicio de procesos terapéuticos o educativos.

Del mismo modo que en una terapia verbal se aprovecha el potencial de la palabra para expresar y para recomponer un orden simbólico interno, en una terapia musical aprovechamos el potencial de la música, que incluye tanto palabras como sonidos no-verbales, así como la expresión corporal.

La Musicoterapia se utiliza en muchos ámbitos y en todas las etapas de la vida: desde la etapa prenatal hasta la muerte; desde el ámbito educativo, comunitario y el del desarrollo personal hasta cualquier tipo de patología.

En Musicoterapia acompañamos procesos de desarrollo individual o grupal, sea cual sea el punto de partida de las personas con quienes trabajamos. Tanto en el ámbito educativo como en el terapéutico, nuestros objetivos tienen que ver con el desarrollo de esa persona a todos los niveles: emocional, relacional, cognitivo, psicomotriz, etc.

Nuestras técnicas son muy variadas y a veces dependen del abordaje musicoterapéutico, pues la teoría musicoterapéutica ya está muy desarrollada. Hay enfoques musicoterapéuticos que utilizan fundamentalmente improvisación musical clínica (como el modelo Benenzon y el anaĺítico, de corte psicodinámico, o el modelo Nordoff-Robbins, de corte humanista). Otros enfoques trabajan con diferentes técnicas, que incluyen la improvisación musical, la interpretación de canciones, los juegos musicales, danzas, coreografías u otras actividades que implican movimiento, viajes musicales, Estimulación de Imágenes y Sensaciones a través del Sonido y la música... Abordajes como la Musicoterapia Humanista o el Abordaje Plurimodal en Musicoterapia recurren a muchas técnicas diferentes (en este tipo de abordajes se encuentra mi trabajo). También hay modelos de Musicoterapia, como el GIM (Imágenes Guiadas con Música, del inglés Guided Imagery and Music) que trabajan principalmente con audiciones, previamente seleccionadas para acompañar al/ la paciente en un viaje por su inconsciente, favoreciendo así la toma de consciencia acerca del problema o circunstancias que ésta/e traiga a la sesión.

Sea cual sea el abordaje del que partimos, la música es un medio muy potente que nos ayuda a atender a las necesidades y características de la persona con la que trabajamos. La elección de la música que vamos a tocar, cantar o escuchar, depende o bien de la historia musical de nuestros y nuestras pacientes, o bien de sus circunstancias personales y de lo que se necesite trabajar.

Para conocer la historia musical de las personas con quienes trabajamos, podemos darles antes de comenzar un proceso terapéutico una especie de cuestionario, que llamamos Historia sonoro-musical, en el que esa persona o/y sus familiares nos van a contar qué música y qué sonidos les han acompañado desde su infancia, qué tipo de música ha sido significativa en diferentes momentos de sus vidas... De alguna manera, vamos viendo qué les hace vibrar y qué forma parte de su identidad sonoro-musical, de su historia de vida.

Cuando trabajamos con improvisación, esa historia musical nos sirve para saber qué tipo de estilo podemos tocar para ayudar a que esa persona improvise su propia música, para ayudarle a conectar con su música interior y desarrollarla. Así, podemos acompañar, reflejar, proponer, crear una atmósfera de contención donde esa persona pueda expresarse a través de su música. Y nuestra función es acomañarle en este proceso y atender a sus necesidades emocionales, cognitivas, psicomotrices, relacionales... a través de la música que seamos capaces de improvisar, interpretar o elegir para alguna audición.

La idea de partida es que tenemos una identidad sonora: nuestra forma de hablar, nuestros ritmos, nuestra musicalidad, los sonidos que nos han acompañado a lo largo de nuestra vida, la música que nos hace vibrar, la música que somos capaces de crear cuando improvisamos o cuando componemos... Todo esto dice mucho de quiénes somos, pues somos seres en la música.

Hay una analogía entre procesos psicosocioemocionales de una persona y la música que escucha, recuerda y produce, entre las circunstancias de esa persona, sus procesos internos y su música interior: la que lleva dentro, la que es capaz de crear y expresar.

Nuestra formación como musicoterapeutas abarca, por una lado, la esfera de lo terapéutico, la psicología, así como lo social y lo comunitario. Por otro lado, implica lo musical: saber tocar varios instrumentos y comprender bien cómo funciona la música y qué efectos tienen sus diferentes cualidades sobre las personas.



¿Qué fines nos proponemos desde la Musicoterapia?

Para establecer los fines del proceso terapéutico, es importante partir de los deseos y necesidades de la persona o las personas a quienes vamos a acompañar, que sean ellas y ellos quienes definan sus objetivos, aunque podamos ayudarles a expresarlos o tratemos de averiguar aquello que les gustaría conseguir o que necesitan. A grandes rasgos, tratamos de facilitar en las personas que acuden a consulta o a un taller o proceso grupal:

♫   Contactar con el propio mundo interior para poder conocerse, reconocerse, expresarse, amarse y compartir la propia música interior y lo que ésta conlleva.

♫   Mejorar la relación consigo y con otras personas.

♫   Tomar conciencia de los propios recursos, así como de las dificultades y de posibles estrategias para afrontarlas.

♫    Explorar vías para canalizar y expresar las emociones de una forma sana y lúdica.

♫    Desarrollar formas de afrontar los conflictos sin dañar ni dañarse.

♫    Mejorar la salud a diferentes niveles (psicoemocional, orgánico, cognitivo, etc.), así como la calidad de vida.

♫  Disfrutar de experiencias creativas, lúdicas, sentirse bien y poder expresarse sin temor a ser juzgado/a.

♫ Desarrollar, o bien mantener determinadas funciones (memoria, coordinación, movilidad, lateralidad, capacidad para expresarse y relacionarse...). Este objetivo es especialmente relevante en personas con problemas de lenguaje, de desarrollo, en enfermedades degenerativas, o bien en procesos como el envejecimiento.



¿Qué podemos hacer para conseguir estos fines?

Podemos apoyarnos en distintos recursos en función de la perspectiva de la que partimos, los deseos y necesidades de las personas con las que trabajamos, nuestras propias posibilidades y características. Algunas posibilidades son:

♫  Crear un espacio de bienestar y de libertad, donde cada cual se sienta a gusto para poder contactar consigo y con otras personas, donde se pueda expresar y comunicar (fundamentalmente a través de la música).

♫  Improvisación instrumental y/o vocal: al improvisar, las personas contactan y desarrollan su capacidad de jugar y de crear, una capacidad que muchas veces ha sido bloqueada por estereotipos y prejuicios. Asimismo, esto facilita conocernos a través de la música, teniendo en cuenta la correlación entre nuestros procesos internos, nuestras relaciones y lo que expresamos.

♫  Interpretación de canciones o piezas musicales: al interpretar canciones que son o han sido significativas en nuestras vidas, tomamos fuerza, especialmente cuando cantamos en grupo. Las canciones, obras o piezas musicales que nos han ido acompañando, nos recuerdan quiénes somos y nos ayudan a expresar y compartir emociones, a recordar momentos, a recrear nuestro mundo interior a ponerlo en contacto con otras personas.

♫    Creación de canciones: podemos componer, con o sin letra, canciones que tengan que ver con lo que nos sucede, nuestros deseos, la Naturaleza, cualquier cosa que nos guste o nos disguste, hacer escritura automática.

♫   Audiciones: podemos acompañar a una persona o grupo en la escucha de una pieza o canción significativa, sin más. También es posible seleccionar música editada para cualquier tipo de trabajo corporal (bailes, coreografías, expresión corporal), o bien para estimular o relajar.

♫   Juegos musicales: nos permiten explorar, comunicarnos, disfrutar, reír y contribuir al desarrollo, refuerzo o mantenimiento de determinadas funciones (atención, memoria, coordinación). La creación de un clima de juego y diversión favorece un buen estado de ánimo.

♫  Trabajo corporal, danzas, expresión corporal: el cuerpo nos ofrece enormes posibilidades de expresión y creación que pueden favorecer tanto la toma de consciencia, como la exploración, el disfrute y la relación.

♫  Dramatizaciones: nos ayudan a expresar, representar, ver con mayor claridad y experimentar comportamientos y posibles soluciones a diferentes problemas. Asimismo, se pueden utilizar en el ámbito de la Musicoterapia infantil para desarrollar la expresión corporal y representar el contenido de cuentos y canciones.


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